La aceptación de la herencia a beneficio de inventario

Las formas de aceptar la herencia en el Derecho español son pura y simplemente o “a beneficio de inventario” en este artículo vamos a entrar en esta segunda que será la recomendable cuando el heredero no conozca con exactitud los bienes que integran el caudal hereditario. La aceptación a beneficio de inventario implica por definición que el heredero únicamente responderá de las deudas que pudieran existir del causante (el fallecido) hasta el límite de lo que hubiera de recibir por la herencia, es decir, en ningún caso existiría confusión de patrimonios y no tendría que hacer frente con sus propios bienes a las deudas que pudieran existir.

            En primer lugar y siguiendo el orden cronológico legalmente establecido habrá que expresar la voluntad de aceptar a beneficio de inventario, notarial o judicialmente según los casos (si el heredero está en posesión de los bienes al momento de la aceptación a beneficio de inventario únicamente cabe la vía judicial).

            Posteriormente se realizará el inventario de los bienes del causante, en ese momento se pasa a fase de administración de la herencia que termina en el momento en el que todas las deudas existentes son abonadas y por último la adjudicación de los bienes. Cabe la posibilidad de utilizar lo que se conoce como derecho a deliberar, es decir hasta que no se conozca el inventario y siempre que se haya hecho dicha salvedad optando por este derecho que la Ley reconoce, no se decidirá si se acepta o no la herencia y cómo se acepta en su caso.

            El plazo para aceptar la herencia a beneficio de inventario será de diez días desde el momento en el que se tiene conocimiento de que se es heredero, si dicha persona residiere en lugar diferente al difunto dicho plazo se amplía a treinta días.

            La formación del inventario es la fase donde mas problemas se pueden presentar para los herederos. No es otra cosa que valorar la herencia del causante activo y pasivo, si no existen deudas o las mismas no son de importancia o están cubiertas de sobra por el patrimonio del difunto no habrá mayores complicaciones. Cuando no sea así y existan deudas importantes la posición de los acreedores es fundamental a la hora de formar el inventario y en la de evaluar los bienes, los acreedores del fallecido tienen derecho a acudir a la formación del inventario (que será en sede judicial) y podrán oponerse a lo que estimen es lesivo para sus derechos, es decir, habrá bienes cuya valoración será muy sencilla (dinero en efectivo en cuentas bancarias) pero a la hora de valorar inmuebles u otros bienes como pueden ser obras de arte a unos les interesará una valoración mas elevada y a otros una mas baja, esta discusión en la que tendrán que intervenir terceros peritos expertos en la materia puede encarecer mucho el proceso. Aparte de los acreedores a la referida comparecencia deberá citarse al cónyuge que haya sobrevivido, herederos y legatarios de parte alícuota y, en algunos casos puede ser parte también el Ministerio Fiscal.

            Una vez abonadas todas las deudas los bienes se adjudicarán a los herederos existentes conforme establezca el testamento o si el mismo no existiere conforme a las reglas supletorias del Código Civil finalizándose así el procedimiento. Las costas que se hubieran generado durante la tramitación así como los juicios que pueda haber pendientes  serán de cargo a la masa hereditaria.     

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